Accesibilidad… ¿lo cualo?

Tengo un colega que cuando oye hablar de accesibilidad suelta unos comentarios que, en estos tiempos de lo políticamente correcto, le podrían costar el puesto (y es el responsable de marketing, aunque no quiera admitirlo).

Icono de accesibildad web

Icono de accesibildad web

El tío es un poco bestia y no se corta un duro, pero creo que tiene razón cuando afirma que aún haciendo un gran esfuerzo, no puede imaginarse a un ciego navegando por una web, por mucha certificación AAA que ésta tenga.

Internet es un medio eminentemente visual. Ciertamente, existen muchísimos contenidos con información sonora, pero para acceder a ellos hay que localizarlos usando la vista.

Por muy bien hecha que esté una web, por muy limpio que esté su código, por muchos ALTs e identificadores del lenguaje que tenga… una persona ciega necesita, para poder acceder a los contenidos, de un hardware específico… Ya sea un lector de contenidos, ya sea un dispositivo que traduzca a Braille los textos en cuestión. Y eso está muy lejos de facilitar las cosas.

¿Por qué estoy insistiendo tanto en el problema de la ceguera? Pues porque en la mayoría de los casos, cuando se habla de accesibilidad, la imagen que nos formamos en la cabeza es la de una persona con incapacidad visual total sentada delante del ordenador y recorriendo la páginas de una web con relativa facilidad. Y eso, por mucho que nos duela, es imposible.

Esta imagen de la accesibilidad es un arma de doble filo. Quizá haya sido promovida, consciente o inconscientemente, por los mismos desarrolladores de sus estándares (el World Wide Web Consortium) con la loable intención de marcar una meta, un objetivo de excelencia.

La Administración y los políticos también han colaborado, y quizá con más ahínco, en la propagación de esta visión idílica de las cosas (más por afán electoralista que por un interés real en la materia). Y las grandes empresas, la mayoría con presencia en Internet, tampoco se han quedado a la zaga: da muy buena imagen tener en la Home el certificado del W3C.

Esta visión, digo, es un arma de doble filo porque, a la larga, genera una sensación de impotencia, ésa que se siente cuando se le impone a alguien la realización de una tarea absurda. Esta sensación no afecta ni a los políticos, ni a las empresas, sino a los desarrolladores.

Los que nos dedicamos al desarrollo web nos damos de cara, todos los días, con esta imagen deformada del concepto de accesibilidad. Y no es un problema meramente anímico. Hay clientes que solicitan expresamente un certificación AA como mínimo, lo que nos obliga a pasar validadores (el TAW, por ejemplo) como diez veces sobre el site que se está desarrollando. Eso no está mal, lo que no está bien es que para aprobar, haya que cumplir con una serie de especificaciones que, no exagero, en ocasiones rizan el rizo.

No deseo agobiar a nadie con explicaciones técnicas (aunque este post está más pensado para gente que sabe de lo que estoy hablando), pero quisiera poner un ejemplo de lo que entiendo por rizar el rizo.

Hace un tiempo desarrollamos una web cuyos contenidos HTML debían tener una versión en PDF. Por productividad y costes, se decidió que lo que se maquetara en HTML, se transformaría luego en PDF. Esto, además de evitar una doble maquetación, garantiza que lo que está en un formato, lo está también en el otro (evitando así correcciones dobles).

Como los PDFs suelen terminar en la impresora, las páginas se diseñaron pensando en el ahorro de papel (otra loable iniciativa) por lo que, después de, por ejemplo, el punto 2.2, venía el punto 3, sin salto de página.

Pues bien, en los estilos, y correctamente, el punto 2.2 estaba marcado como un H2, y el punto 3 como un H1. Cuando se lanzaba el TAW, las páginas en las que hubiera un H2 antes que H1 no eran consideradas correctas, con lo que no se pasaba de nivel A. Explicación: no debe haber en el código una marca de cabecera de inferior nivel, sobre otra de nivel superior… Lo correcto es H1, H2, H3… Solución: maquetar de manera que los puntos superiores comenzaran en páginas nuevas.

Entre pasar el test y ahorrar papel (y sé que esto puede parecer maniqueo), decidimos ahorrar papel.

Con este ejemplo quiero mostrar cómo el concepto accesibilidad que ha ganado terreno, ha influido también sobre las herramientas que certifican dicha accesibilidad.

Alguien podría argumentar que las metas están para alcanzarlas, y que mientras más alta o lejos esté esa meta, más alto o lejos llegaremos. Pero permítanme disentir. Los eslóganes en plan “Impossible is Nothing” y “Just Do It” (excelentes, por cierto) están bien para lo que están: ser la seña identificativa de marcas de ropa de deportiva, pero no sirven en todos los planos de la realidad.

Cuando Nike nos dice Just Do It (tan sólo hazlo), está pensando en nosotros a la hora de decidir si salimos a correr (o nos vamos al gimnasio), o nos quedamos en el sofá con la cervecita en la mano viendo la tele. No pretende que saltemos por la ventana y volemos, porque eso es imposible.

Parte del problema está en que en todo esto juegan un papel importante los sentimientos. Todos sabemos que una discapacidad física o psíquica es un problema grave. Nos llena de satisfacción imaginar un mundo en los que las cosas no son difíciles para nadie. Pero la realidad es otra. Puedes ser la persona más buena del mundo, pero si saltas a pelo por una ventana desde un quinto piso acelerarás a 9.8 metros por segundo al cuadrado, hagas lo que hagas, y seas como seas.

Llegados a este punto, creo que es necesario redefinir y concretar el concepto de accesibilidad para hacerlo (y valga la redundancia) más accesible. Y de eso deberían encargarse los mismos que han definido sus estándares (de paso, no entiendo cómo han conseguido definir los estándares de un concepto que aun no está del todo claro).

En la propia página del W3C, hasta hace poco se decía: “La idea principal radica en hacer la Web más accesible para todos los usuarios independientemente de las circunstancias y los dispositivos involucrados a la hora de acceder a la información. Partiendo de esta idea, una página accesible lo será tanto para una persona con discapacidad, como para cualquier otra persona que se encuentre bajo circunstancias externas que dificulten su acceso a la información (en caso de ruidos externos, en situaciones donde nuestra atención visual y auditiva no estén disponibles, pantallas con visibilidad reducida, etc.).”

Esto es bastante vago, pero puede interpretarse como que los contenidos de una web puedan ser consultados por cualquier persona que tenga acceso a Internet, independientemente del tipo de ordenador, la calidad de la conexión, del sistema operativo y del navegador que utilice. Bajo esta óptica, la accesibilidad no sólo es posible, sino necesaria. De hecho, actualmente el objetivo ha sido redefinido como «guiar la Web hacia su máximo potencial a través del desarrollo de protocolos y pautas que aseguren el crecimiento futuro de la Web».

En la misma página, se definía la accesibilidad de la siguiente forma: “Hablar de Accesibilidad Web es hablar de un acceso universal a la Web, independientemente del tipo de hardware, software, infraestructura de red, idioma, cultura, localización geográfica y capacidades de los usuarios”.

UFF!… Supongo que cuando hablaban de infraestructura de red se refierían a que ésta pueda ser buena o mala, lenta o rápida. Porque por mucho que nos empeñemos, nunca accederemos a Internet con una infraestructura de red inexistente. En cuanto a la localización geográfica… Poder conectarse a una página web estando en mitad del Sáhara tiene muy poca relación con la calidad del código de dicha página, y mucha con la infraestructura y la capacidad del ordenador de conectar vía satélite, con lo que eso de “independientemente del tipo de hardware” se va al garete.

Acceso universal, idioma y cultura son factores que dependen más de la política y la economía que de la tecnología. Si no, que se lo pregunten a los chinos. Y, que yo sepa, no existe por ahora ningún validador en plan TAW para regímenes sociales.

En cuanto a las capacidades de los usuarios (y ya estamos de nuevo con la idea central de este post) hay discapacidades que no sólo imposibilitan moverse con soltura por una web, sino que impiden incluso la recepción del mensaje. En casos graves, hay incapacidades que no permiten al usuario ni siquiera entender el mensaje. ¿Y qué podemos hacer los desarrolladores para paliar ese problema? Nada.

Tal y como está definida, la accesibilidad web lleva a imaginarse mundos maravillosos donde todo es posible. Hagan el favor de consultar el término en la Wikipedia (versión en castellano).
Para muestra, unas cuantas perlas:

– “La accesibilidad web se refiere a la capacidad de acceso a la Web y a sus contenidos por todas las personas independientemente de la discapacidad (física, intelectual o técnica) que presenten o de las que se deriven del contexto de uso (tecnológicas o ambientales).”

Esta es una definición más vaga y optimista, si cabe, que la original del W3C.

– “Si el tamaño del texto es lo suficientemente grande, los usuarios con problemas visuales puedan leerlo sin dificultad” (sic).

Dejando de lado la gramática, cabe preguntarse cuán grande ha de ser la letra para que una persona ciega del todo pueda leer sin dificultad. Otra cosa es maquetar el texto y cuidar el código de manera que los dispositivos lectores o de Braille puedan operar adecuadamente.

– “Si los contenidos están escritos en un lenguaje sencillo e ilustrados con diagramas y animaciones, los usuarios con dislexia o problemas de aprendizaje están en mejores condiciones de entenderlos.”

¿Qué es un lenguaje sencillo?, ¿cómo deben ser estos diagramas y estas animaciones? Este punto permite ilustrar una de las incongruencias de la accesibilidad, y sus validadores, tal y como se ha “definido”.

Para empezar, el TAW es una herramienta informática… no piensa. No puede saber si el texto adjunto encabezado con el título “explicación sencilla” es más fácil de entender que el texto central. Ni siquiera es capaz de leer ese título. Así que, ni corto ni perezoso, en el código tipo <refer page _ “easy_explanation”_:> que sí que entiende el TAW, inserto ahí lo que me da la gana. Test aprobado. Con los diagramas, más de lo mismo.

Y qué decir de las animaciones… Pues que en general no pasan ni el primer nivel de validación. ¿De qué estamos hablando entonces?

Por último, hay contenidos que no serán accesibles a nivel cognitivo por todos los usuarios, hagamos lo que hagamos. Un ejemplo: cualquier artículo serio sobre la teoría de la relatividad, por muchos textos explicativos, animaciones y gráficos que pongamos.

Me he extendido en el artículo de la Wikipedia no por que crea en la calidad de sus contenidos (en general bastante deficientes), si no porque si buscamos Accesibilidad en Google es el primer resultado natural. Previsiblemente, la gran mayoría de los que busquen el término acabarán leyéndola, con lo que se seguirá extendiendo la idea de accesibilidad que intento denostar.

Para acabar, creo que las cosas funcionarían mucho mejor con una definición concreta y realista de la accesibilidad web (y debo reconocer que, al parecer, el W3C se ha dado cuenta de ello). Los usuarios sabrían con qué contar, los clientes que solicitan webs sabrán que pedir y hasta dónde se puede llegar, y los desarrolladores sabrían lo que hay que hacer… Porque actualmente, no lo sabemos del todo. ¡Y se tiene que cumplir una legislación!

En resumen, es una situación absurda.

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