Adwords: el tiro al blanco

Imagínese una diana, con sus circulitos rojos concéntricos y su puntito en el centro, esperando a ser atravesada por un certero disparo.

Imagínese ahora que un colega le propone el siguiente juego: por cada bala que dé en el centro de la diana, le da un euro. Eso sí, usted le tiene que comprar a su amigo el derecho a apretar el gatillo. El coste no es excesivo: 0,25 euros por “clik”.

Usted entonces decide disparar cuatro balas, porque piensa que, en el peor de los casos y por muy mal tirador que sea, es bastante probable que recupere su inversión, y que gane 0,75 euros… Basta con que una de las cuatro dé en el blanco.

Su colega, además, le presta el rifle (el colega es el dueño de la diana, del rifle, y del terreno en el que está instalado el campo de tiro, pero como es muy buena persona, sólo le cobra por las veces que aprieta el gatillo). Es un rifle especial. Usted puede disparar las cuatro balas una a una, o todas al mismo tiempo. En este último caso, hay que tener en cuenta que las balas no van en línea, si no una junto a la otra… Por lo tanto, sólo una dará justo en el punto medio de la diana.

Usted no se fía mucho de su puntería, y decide tirar las cuatro al mismo tiempo. Piensa que de esta forma, al abarcar mayor superficie, es fácil que una de ellas le dé al centro…

Apunta, y dispara. Oh sorpresa! Ninguna de las cuatro da en el blanco. En la diana queda un buen boquete a la derecha del maldito puntito central. Acaba usted de gastar 0,25 euros. No es como para entrar en suspensión de pagos, así que decide probar suerte de nuevo…

Usted saca su dinero, y paga por el “clik”. Esta vez apunta un poco menos confiado, y dispara las cuatro de una… Blanco! Su amigo, que es muy legal, le devuelve un euro.

Usted no cabe en sí de gozo… Es divertido, y no se pierde mucho dinero. Así que repite varias veces… Coge balas de cuatro en cuatro y las va disparando todas juntas… Unas veces acierta, y otras no, así que al final se va a casa con 30 euros menos en el bolsillo. Una nadería por una divertida tarde.

Al fin de semana siguiente usted decide repetir la experiencia. Se va al campo de tiro, y agarra las cuatro balas de rigor (usted es un hombre prudente, y prefiere gastar el dinero poco a poco). Esta vez, sin embargo, decide cambiar su estrategia. Durante la semana, ha estado pensando y se da cuenta de que disparando las balas una a una no solo es posible recuperar la inversión, si no que se puede ganar hasta tres euros por tanda. Basta con que las cuatro balas den el blanco.

En la primera tanda, las tres primeras yerran el blanco, y la última le da de lleno. El euro vuelve a su bolsillo.

En la segunda tanda de tiros, la cosa es aún mejor. Dos blancos. Gana un euro.

Usted ha acumulado experiencia… Ya no dispara a tontas y a locas. Ha aprendido a esperar si hace mucho viento, a apuntar cuidadosamente (al principio ni siquiera podía cerrar un ojo y dejar abierto el otro), a apretar suavemente el gatillo y a contener la respiración justo en el momento del disparo.

Hay tandas en las que tres balas dan en el blanco… En alguna ocasión obtiene el pleno… Una gozada. Termina el día y se va a casa con 50 euros.

Es tan estimulante que vuelve al fin de semana siguiente. El negocio de su colega va viento en popa… Hay mucha gente que quiere disparar, así que hacer click ya no cuesta 0,25 euros, sino 0,30. Vaya… Da igual, piensa usted… Sigo tirando cuatro balas, que costarán 1,20. Si acierto con una recuperaré 0,80 (el colega sigue dando un euro por blanco). Si hago dos blancos gano 80 céntimos. Los cuatro aciertos me dejan en el bolsillo 2,8 euros.

Para que nadie se pase (ni perdiendo ni ganando), y para poder organizar mejor los turnos de tiro, su colega recibe a los clientes preguntándoles antes de empezar a jugar cuánto dinero quieren invertir ese día. Usted decide jugarse 60 euros. Cuando se alcanza esa cifra, su colega ya no le deja tirar más. No pasa nada. Usted puede modificar las cantidades a invertir en cualquier momento, y seguir jugando.

Su colega no es tonto, así que evita en todo momento que usted se mosquee. Eso podría suceder si, por ejemplo, usted es un tirador compulsivo que dispara una y otra vez sin pararse ni para beber agua, los todos clicks los hace en una hora… 60 euros por una hora de diversión es muy caro… Más vale ir a cine. En esos casos, su amigo organiza los turnos de tiro de manera que usted tenga que esperar entre tanda y tanda… De esta forma, aprieta el gatillo la misma cantidad de veces, pero se ha pasado toda la tarde en el campo de tiro y se va a casa con buen sabor de boca.

Otra razón para mosquearse es que los turnos entre tanda y tanda sean tan largos que se llegue a la hora de cierre sin que usted haya disparado todo lo que quería… En ese caso su colega, muy astutamente, amaña los turnos para que usted se gaste los 60 euros antes de que acabe el día.

Usted acude al campo asiduamente. Podríamos decir que ya es un buen tirador. Pronto descubre que no todas las balas son iguales. Algunas son de mejor calidad, y se desvían menos durante su trayecto al blanco. Lamentablemente, ese descubrimiento no lo hace usted solo. Muchos otros tiradores los saben, así que piden expresamente esas balas a la hora de de disparar.

La bala marca “Troncho INC.” no es tan buena como la de marca “Acme”… Disparar con Troncho se mantiene a 0,30, pero disparar con Acme sube de precio a 0,40. Usted sigue en el juego, comprando balas Acme. El retorno de la inversión sigue siendo importante.

Pasa el tiempo, y el negocio sigue en alza… El campo de tiro está a rebosar. Hay tiradores nuevos y tiradores viejos… novatos y expertos. Unos disparan con balas Acme, y otros tiran con Troncho, pues confían en su puntería. Algunos invierten hasta 30 euros por tarde, otros un millón.

Organizar los turnos es cada vez más complicado. Hacer “click” cuesta 0,30 o 0,40 según la marca de la bala, pero ahora ese es sólo su precio mínimo… Si quiere tirar más a menudo y de los primeros, usted puede comprar su derecho a disparar pagando más de esa cantidad. Basta un poco más para que los turnos de tiro se organicen a su favor.

Pero usted no quiere pagar, por ejemplo, un euro por “clik”, solo para poder tirar el primero y más seguido. La inversión en ese caso dejaría de valer la pena. En el mejor de los casos (muy improbable) no ganaría ni perdería nada. Usted disfruta en el campo de tiro, pero sólo está dispuesto a pagar hasta 0,50 euros “clik”.

Otros tiradores, con más dinero que usted, ofrecen hasta 0,90 euros por “clik”. Si los turnos de tiro se rigieran solo por lo que paga por las balas, lo mejor sería que se fuera a casa. Pero su colega es un genio. No quiere que usted abandone el hobbie, así que para organizar los turnos tiene en cuenta varias cosas, entre ellas: la calidad de la bala que usa, y la cantidad de veces que da en el blanco.

De esta forma, si usted tira con balas Acme a 0,40 sus turnos de tiro tendrán la misma frecuencia que los de quien dispara con balas Troncho a 0,60. Es más, si usted es buen tirador y da en el blanco de forma asidua, la frecuencia de sus turnos será la misma de los de aquel que tire con balas Acme a 0,80, pero que acierte pocas veces.

Pero la genialidad de su colega no acaba aquí. Su amigo lleva un registro de sus tandas de tiros, y de sus aciertos y fallos. Gracias a ese registro usted descubre que sus aciertos aumentan con un tipo concreto de balas (hasta ahora sólo hemos hablado de las Troncho y las Acme, para facilitar este cuento, pero hay muchas más, con diferentes precios). Así que usted decide comprar más de esas balas (puede que no sean las Acme), sin dejar de invertir en otras. Eso sí, le pide a su colega que le ayude a disparar más con esas balas, poniéndolo de los primeros en los turnos de tiro, y aumentado la frecuencia de dichos turnos siempre que dispare con ellas.

De esta forma, usted puede disparar antes y más con las balas que mejor le van. Previsiblemente, esto mejorará su porcentaje de aciertos, con lo que entramos en un círculo en el que es posible ganar más pagando menos. Además, recibirá mejor trato que un tirador que, pagando más que usted, tenga un menor porcentaje de aciertos.

Llegados a este punto, el hobbie se ha complicado mucho. Tanto, que incluso las dianas a las que se dispara influyen en los resultados… Algunas están más cerca, otras más lejos. Unas se mueven, y otras están fijas. Hay dianas puestas en zonas especialmente ventosas, y son muy difíciles de acertar. Y, para todas, hay balas que van mejor y otras que van peor. Aún así, hay gente que tira a las dianas más difíciles, puesto que si aciertan, en lugar de un euro les dan dos.

Usted ha vivido todo el proceso y está curtido, pero continuamente llegan nuevos tiradores. Algunos de ellos desean que su inversión tenga un retorno rápido, así que no pueden permitirse el lujo de ir tanteando con estrategias de tiro, o probando las balas y los tipos de diana.

Su colega es legal, y no le interesa que la gente pierda dinero, así que a los nuevos les da un manual en el que se explican los puntos básicos a tener en cuenta: no vale la pena disparar varias balas al mismo tiempo, sino que es mejor ir una a una; las mejores balas son las de las marcas tal y tal; antes de apretar el gatillo concéntrese en el objetivo, y actúe con calma; pruebe durante un tiempo y quédese con las balas y las dianas que mejor le vayan.

En el campo de tiro hay personas que asesoran a los jugadores sobre cuánto dinero invertir en función de las balas que desea comprar, y el precio que quiere pagar por ellas.

Por último, algunos tiradores contratan los servicios de estrategas profesionales, que tras analizar al jugador le enseñan a disparar, le dicen qué balas le convienen, cuanto debería invertir, y como influir en la gestión de los turnos para tener ventaja sobre otros tiradores…

Y lo que era un divertido rato de ocio se ha convertido en un lucrativo negocio.

Ahora imagínese que la diana es su público objetivo, y que el centro de la misma, el puntito, es el consumidor que hace click en su anuncio de Adwords y acaba haciendo lo que usted quiere: adquirir sus productos o servicios, rellenar un formulario de registro, visitar su web… Imagínese también que las tandas de tiros son los anuncios que se publican en Google, y que las balas son las palabras clave que activan dichos anuncios… el resto del cuento ya lo conoce.

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