Asignaturas pendientes

[Publicado en la revista DEV nº8, marzo 2009]

Este mes finalizan los cuatro años que me ha correspondido presidir la Asociación de Diseñadores de la Comunidad Valenciana, y aunque esa es la excusa que me trae a esta página, no es mi intención aburrir con un balance del tiempo pasado. Sí que quiero señalar algunos aspectos de nuestra profesión que requieren atención urgente.

El diseño español, y muy concretamente el valenciano, atraviesa un gran momento, si nos fijamos en la calidad de los profesionales, sus proyectos y los éxitos que acumulan. Sin embargo, la sociedad sigue viviendo de espaldas al diseño, y eso se observa muy claramente en tres ámbitos: las administraciones públicas, las empresas y los medios de comunicación.

Que la mayoría de las instituciones que nos gobiernan desconocen la función e importancia del diseño es algo tan patente que basta con salir a la calle y mirar a nuestro alrededor. Pero ciertos gestos concretos dicen tanto sobre esta ignorancia que es preciso denunciarlos. Me refiero a ciertos concursos “de diseño” cuya bochornosa convocatoria -e inevitable fracaso- hemos tenido que presenciar en los últimos años: El primero, referido a la identidad institucional de la Generalitat Valenciana, seguido de la imagen para la candidatura de Madrid a los JJOO, para culminar con la marca para el Gobierno de España.

Respecto al mundo empresarial, no podemos pedir mucho si se recibe tan mal ejemplo de las autoridades. Se habla oficialmente de innovación sin una idea clara sobre lo que significa. Se anima a las empresas a invertir en I+D sin proponer una estrategia y una política industrial como contexto. Tras muchos años de cultura del pelotazo se quiere reintroducir conceptos como “diseño” y “marca” pero no se apoya ni se valora a quienes los ponen en valor.

Por su parte, los medios de comunicación, que deberían informar y facilitar la formación de la opinión pública al respecto, no hacen sino reflejar esta gran confusión. El diseño aparece poco y siempre ligado al consumo de tendencias o decoración. Rara vez se asoma a las páginas de economía y tampoco a las de cultura. Es la tercera de nuestras asignaturas pendientes y convendría animar al periodismo a que aborde el diseño con rigor si queremos romper este círculo vicioso.

Lo llamativo es que, de esta forma subterránea y callada, el diseño y los diseñadores seguimos contribuyendo a la competitividad de las empresas, generando innovación real y resolviendo problemas cotidianos a una escala limitada, cuando nuestra actividad podría beneficiar a toda la sociedad si se nos diera oportunidad. Habrá que seguir insistiendo.

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